Pocas veces se evocan las aventuras de los navegantes y exploradores egipcios, quienes viajaron extensamente por Siria, Fenicia, Creta, Chipre, Líbia, Túnez, El Sudán, el mar rojo, la costa arábiga y posiblemente la India, al que llamaban mar de Éugrates. Fueron empresas político-comerciales vinculadas al poder y control. Numerosos contingentes humanos fueron enviados al África oriental por experimentados navegantes. Todos los faraones enviaron barcos para descubrir nuevos destinos, conocimientos, gente y riquezas, como ébano, marfil, plata, oro, especies, etc.
Era una ruta popular la que iba desde el mar rojo pasando por los canales del
Nilo hasta llegar al mediterráneo. También se cree que el canal
de Suez en los tiempos de los faraones Seti y Ramsés II, sobre el 1300
A.C. los antiguos egipcios habían construido un canal que unía
el Nilo con el Mar Rojo. Y navegando por el Mar Rojo, seguro que contemplaron
especies y corales que habitaban en él. Seguro que bajo los pies del
faraón en sus barcas y con su tripulación vieron todo tipo de
especies marinas, pero ese tesoro nunca se lo pudo llevar a su palacio: el colorido
de los corales, la belleza de sus formas, la arquitectura y estructura que forma
el fondo del mar rojo, eclipsó a más de un faraón.
La diversidad de las especies que habitan en el hoy es contemplada por los turistas
que bucean en todo el mar rojo.
Igual que los faraones no pudieron poseer estas riquezas y este tesoro en sus
palacios, nosotros sí podemos poseerlos en nuestros recuerdos y vivencias.
Por ello, somos más ricos que el faraón y para poder disfrutar
de este tesoro, solo debemos conservarlo, siendo respetuosos con el medio marino
y acatando las normas de un buen buceador.
Los amigos de AAS Blau Marí estuvieron allí en septiembre y además
de respetuosos se lo pasaron muy bien.
Saludos. Guillem.